¡Resistir! La conminación es fuerte. Aún es necesario de ser capaz día tras día, sin mucha esperanza, a pesar de la exigencia y el miedo. La investigación de Natacha Borgeaud-Garciandía permite de renovar la reflexión sobre las condiciones de existencia y de lucha en un sistema de dominación.

Socióloga, especialista de la América Latina, Natacha Borgeaud-Garciandía llevó una larga investigación al lado de obreras y obreros de las maquiladoras de Nicaragua[1]. Sabemos que estas industrias textiles, instaladas en zonas francas en varios países latinoamericanos, cuentan entre las peores invenciones del capitalismo globalizado: producción de masa al costo más bajo, gracias al reclutamiento de trabajadores mal pagos.

Denunciar de lejos este sistema no es suficiente: los ultraliberales tienen la facilidad de replicar que es mejor ganar un poco de plata que no ganar nada. En Nicaragua como aquí, estos realistas agregan que se puede ganar más intensificando la producción y haciendo horas extras. Es cierto. De hecho, los empleados de las maquiladoras aceptan someterse a este chantaje ejercido por los capitalistas con el pleno acuerdo de un gobierno que, después del fin del sandinismo, decidió vender a bajo precio una parte de la población antes que de ver aumentar el desempleo.

Desde luego, la despiadada ley de la oferta y de la demanda de trabajo no es una fatalidad: hace falta las condiciones políticas e ideológicas precisas para que una población laboriosa sea ubicada en una situación de no-elección. Pero esta constatación teórica, después de todo banal, no permite resolver el enigma, molesto para la crítica, escandalosa para el militante, del consenso a la sumisión. Estar más explotado, ¿no lleva a ser más contestatario? Si este proletariado no se compromete en una vanguardia revolucionaria, ¿hace falta perder toda esperanza de las “masas” definitivamente alienadas y retomar, en desesperanza de causa, el discurso clásico sobre la servidumbre voluntaria? Después de haber escuchando largamente a las y los que están en el sistema de la dominación, Natacha Borgeaud-Garciandía examina la pertinencia de estos conceptos que nos fueron o que nos son aún familiares.

¿La revuelta? Hoy en las maquiladoras como en tantos otros lugares de trabajo exigente, la revuelta es una visión romántica chapada sobre condiciones de vida y de trabajo (10 a 14 horas por día) que no permiten considerarla: hace falta conservar el trabajo para comer, ocuparse de la familia, dormir un poco… Los hombres pueden liberarse de estas exigencias domésticas pero las mujeres están sin cesar en la actividad, en la usina y en la casa, sacrificando su vida amorosa y a menuda obligadas a educar solas los hijos de progenitor evaporado en la naturaleza.

¿La revolución? La añoranza del gobierno sandinista no alcanza a crear las condiciones políticas de una revolución social.

¿Hará falta a partir de allí evocar un ser alienado, incapaz de comprender el mundo y desposeído de sí mismo? No. Nuestra socióloga ha encontrado hombres y sobre todo mujeres que tienen una viva inteligencia de su situación, que expresan en sus palabras y por sus silencios. Ellos saben dónde están: ellos preservan puntos de anclaje fuera de la fábrica que no gustarán a los jóvenes revolucionarios que pendonean por las calles de París: la familia, la religión a veces bajo su forma sectaria… Y se sitúan en el tiempo cuando desean otra vida, emancipada, para sus hijos. Pero también trabajan, sí, con empeño.

¿Servidumbre voluntaria? Sí, pero la voluntad no consiste en servir en sí, sino en realizar en cuanto antes y mejorla actividad impuesta -antes que invada el pensamiento,o en demostrar su habilidad. O aún, esta actividad que manifiesta servidumbre puede ser la misma que, sin que ellas se confundan, sostiene la identificación del sujeto que se constituye a pesar de la dominación”. Estamos aquí en el corazón del libro. La lógica de la dominación es aceptada (hace falta trabajar como esclavos, no tenemos opción; hace falta producir al máximo y someterse al supervisor) pero el sistema de coacción presenta fallas que son explotadas; y lleva, conduce él mismo hacia actos de resistencia a la dominación que crean una fina dialéctica por la cual los aparentes esclavos se constituyen en sujetos insumisos y afirman una libertad que estaba en potencia. Esta resistencia puede ser colectiva, puede ser individual. Ella se cumple en el miedo, que hay que intentar dominar: para vivir a pesar de su presencia persistente, los seres buscan aliviar las percepciones de su peso. Callarlo forma parte de esta estrategia. Callarlo es contenerlo, de alguna manera. Sólo que entonces aparece tanto más desnudo”. En estas luchas cotidianas, marcadas por victorias minúsculas sobre los pequeños jefes y sobre sí mismo (no ceder a su miedo) los humillados afirman su identidad, que es el resultado de la dominación, y transforman su libertad esencial en liberación efectiva. En esta dialéctica de la resistencia, imprevisible en su desarrollo, lo político no es derrotado: exterior al sistema de dominación, se mantiene por alguna parte en lo in-esperado. Como la libertad, lo político está allí como potencial; la conclusión de Natacha Borgeaud-Garciandía es en forma de promesa, en Nicaragua como aquí.

Bertrand Renouvin

 


[1]Natacha Borgeaud-Garciandía, “Dans les failles de la domination”, PUF, 2009. Collection Souffrance en France, dirigée par Christophe Dejours et Francis Martens, prix franco 13 €